"CON UDS HASTA EL FIN DEL MUNDO".....COMO?

La presencia verdadera, real y substancial de Cristo en la Eucaristía supone una conversión extraordinaria, sobrenatural, única.

 Tal conversión tiene su fundamento en las mismas palabras del Señor: “Tomad y comed: esto es mi Cuerpo... bebed todos de él, porque ésta es mi Sangre...”.


 En efecto, estas palabras se hacen realidad sólo si el pan y el vino cesan de ser pan y vino y se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, porque es imposible que una misma cosa pueda ser simultáneamente dos seres diversos: pan y Cuerpo de Cristo; vino y Sangre de Cristo.
Sobre este punto el Catecismo de la Iglesia Católica recuerda: "Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre;


 la Iglesia Católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio “transubstanciación" Sin embargo permanecen inalteradas las apariencias del pan y del vino, es decir, las "especies eucarísticas".

Aunque los sentidos capten verdaderamente las apariencias del pan y del vino, la luz de la fe nos da a conocer que lo que realmente se contiene bajo el velo de las especies eucarísticas es la substancia del Cuerpo y de la Sangre del Señor.


Gracias a la permanencia de las especies sacramentales del pan, podemos afirmar que el Cuerpo de Cristo, su entera Persona,  está realmente presente en el altar, o en el copón, o en el Sagrario.



El modo de la presencia de Cristo en la Eucaristía es un misterio admirable. Según nuestra  fe católica, Jesucristo está presente todo entero, con su corporeidad glorificada, bajo cada una de las especies eucarísticas, y todo entero en cada una de las partes resultantes de la división de ellas, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo. 


Se trata de una presencia singular, porque es invisible e intangible, 

y, además, es permanente, en el sentido de que, una vez realizada la consagración, dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas.

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